Días en que nada va contigo, en los que solo te apetece
estar sola, en los que cada sonido de tu alrededor sobra y es más, molesta. En
los que solo te entiendes tú. En que estás baja de ánimos y nadie puede cambiar
esta situación. (Todo esto sin estar en “uno de esos días”).
Días en que no tienes motivo alguno para estar triste, pero
lo estás. En que la lágrima que cae por tu mejilla no pertenece a nada ni
nadie, solo a ti. Quizás porque necesitamos de estos momentos de bajón para
valorar en los que estamos arriba.
Días en los que, sin planearlo, te derrumbas al oír una voz
conocida que no oyes con frecuencia. Porque sabes que esa voz es la que te
entiende cuando tienes lo que comúnmente conocemos como UN DÍA DE MIERDA. La
que te tranquiliza. Nadie se acostumbra a echar de menos…
Porque sin quererlo vuelves a desear volver a tu rutina de
antes, a lo fácil, a la comodidad de que te lo den todo hecho. Porque a nos gusta sentirnos queridos y aunque sabemos que lo somos, la distancia es
jodida para todos.
Porque es probable que no te pase absolutamente nada. Sin
embargo, dicen que el buen actor necesita de drama para poder interpretar una
comedia brillante.
Lo realmente bueno, es que incluso en estas situaciones de “depre”
extrema tienes la certeza de que puedes con esto y con más. Que estás por
encima de días grises, pues son uno entre cincuenta y eres más fuerte que
ellos. Por eso no les lleves la contraria, déjate llevar, siéntelos, llora,
desahógate, porque sí, porque puedes, porque el cuerpo te lo pide. Y hazlo todo
hoy, pues MAÑANA SERÁ UN GRAN DÍA.