Porque aunque nos dejemos pisotear, y lo hacemos, por mucho que llevemos por bandera nuestros derechos, actitudes y aboguemos siempre por lo justo: pasa, lo sabes, lo se...
Sin embargo llega ese momento, ese en que cambias el chip, en el que te das cuenta que vales mucho más de lo que creías valer. Que no vendes oportunidades a precio de coste. Que eres mucho más que eso, vales mil y mereces un millón, o al menos reciprocidad.
Aprendes a no meterte en jardines en los que no ves con claridad la salida. Aprendes a no desprenderte con tanta facilidad de esa coraza que durante tantos años has forjado para ti. Que como en la conducción, no has de mirar tan solo a un punto, gira la cabeza y observa todo cuanto te rodea, lo maravilloso que resulta la pluralidad, no te permitas perderte ni un solo detalle.
Y no malgastes tu tiempo en bocacalles que te desvían de la avenida de tu vida. Que todos somos tan circunstanciales e innecesarios en este juego al que tenemos la suerte de pertenecer que un día estamos aquí y al otro, el dado ha hecho desaparecer nuestra ficha. Sin embargo, no por ello el mundo se detiene. No malgastes jamás tu tiempo por nada ni nadie, que este es un cuentagotas y gota que cae, gota que no se recupera.
Disfruta, eres mujer.
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